jueves, 15 de febrero de 2007

Rulito se va a Lanús

Rulito tiene diez años y un hermano de doce, Ale.

Suena el depertador a la mañana, pero no quiere ir al colegio. Hoy tiene prueba.
Igual se levanta. Desde el baño escucha gemir a su hermano y a su mamá ir y venir. De pronto se siente mal.

Se levanta, se mira en el espejo del baño. No tiene buena cara. Tiene los ojos a media asta. Vuelve cansado a su cama, se sienta apoyando la espalda contra el respaldo. La mamá entra y prende la luz. Rulito afirma tener fiebre. Ella no le cree. Rulito insiste. Pide el termómetro. La madre lo apura a levantarse, no tiene tiempo que perder. Va a venir el médico a ver a su hermano, que estuvo toda la noche con fiebre, sin poder dormir. Corre las cortinas y levanta la persiana. Todavía no amaneció. Rulito se acuesta y gime. La madre sale. Tiene que vigilar a Ale.

Rulito la ve salir por el rabillo del ojo. Prende el velador y coloca su mano sobre la pantalla. Está caliente. Escucha a su madre hablar por teléfono. Practica tocarse la frente con una mano. Después con la otra. Puede funcionar.

Al Delfín Bañero

No le importa...

nada.